
En una maniobra que será reconocida como una de las más osadas de la historia militar nacional se dejó perseguir un trecho, como quien huye, y al grito de ¡vuelvan caras!, devolvió sus tropas repentinamente, aprovechando el desconcierto de los realistas, para penetrar en sus filas y derrotarlas, a pesar de su superioridad numérica.
Las Queseras del Medio, dieron a Páez una gran victoria y le merecieron, de parte de El Libertador, el título de "la mejor lanza del mundo".